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viernes, 5 de mayo de 2017

Mayra Santos-Febres (1966).
Escritora Puertorriqueña. 

Relojes, celulares, tenis Nike, bicicletas, zapatos comprados por internet, ipads, kindles, gogo’s, camisetas, gorras, sortijas, cosas, cosas, cosas. La gente no me cree, pero para los más jóvenes la "mercancía" los abruma. Ya las cosas no significan nada, o casi nada.

Para muestra, un botón.

Los otros días, en mi taller de poesía de la Universidad de Puerto Rico, les pedí a mis pichones de poetas (¡son unos genios, pero no se los digan!) que escribieran 5 haikús o 5 odas refiriéndose a 5 objetos que pare ellos fueran importantes. El juego me lo enseñó la amiga y poeta Chiara Merino, autora del libro "Criaturas gelatinosas". Es un buenísimo libro. Lo recomiendo.

Los poemas que salieron eran bastante flojos, cosa rara en mis pollitos versificadores. Cuando les pregunté por qué esa poesía tan rala, me contestaron:

—Profe, yo no tengo cosas. Es decir, son mías, pero no . Es que estamos acostumbrados a que todo es reemplazable.

Alcé las cejas en asombro. ¿Todo es reemplazable? Error. Horror. ¿Qué es eso? Ya estaba pensando cómo debatir tan terrible enunciación, tan errada cosmovisión, cuando decidí darle un segundo pienso a la cosa. Me callé la boca y decidí escuchar en vez de corregir, aprender en vez de guiar. He sido muchas cosas en esta vida, menos bruta. Sé reconocer sabiduría, venga de donde venga.

A mis alumnos les tocó aquel día ser mis maestros. Escuché callada y atenta mientras ellos pensaban, sopesaban y argumentaban, a ver por qué las cosa no les tocaban los afectos. Volvían a hacer lista y nada. No heredaron ningún reloj del abuelo. No guardaron ningún juguete de la infancia (que acaban de dejar atrás). Se han mudado tantas veces, de tantos pueblos, estados, casas, vecindarios que todo fue quedando en cajas olvidadas o basureros. Los vi tratar, realmente tratar de encontrar aquellas cinco cosas entrañables, sin éxito.

Mis alumnos tienen razón. Para ellos Todo ES REEMPLAZABLE. Hasta los afectos.

Esto es un cambio significativo que vale la pena pensar. Lo que quiero decir, es que, si este, como la mayoría de los países del tercer mundo, es un país de jóvenes; ya las cosas no significan nada para casi nadie.

Otro efecto de la sociedad de consumo. Uno consume no por necesidad, ni siquiera por lujo; sino por el consumo en sí. Todo muy hegeliano.

Yo, hasta el sol de hoy, guardé dos Muñecas Newborn babies negras, las primeras muñecas negras hechas por Mattel. Me las regalaron a la edad de los 8 años.

No quiero argumentar que de niña fui una luchadora de los derechos civiles y de la igualdad en representación" juguetil" . Lo que sí argumento es que para mí aquel evento fue importante y que aquella muñeca me parecía tan asombrosa, tan improbable que decidí guardarla de por vida.

Lo mismo me pasa con los anillos de boda de mi madre (los míos no, que ya llevo tres matrimonios), un traje de cuando tenía 4 años (era una nena gooorda), fotos polaroid, dientes de mis hijos, y dos trajes de poliester bien "seventies" que usaba mami. Eso y los libros y cartas de mi hermano muerto componen una especie de altar personal íntimo, cosas que no pegan ni pueden ser fácilmente traducibles en mi status de Facebook. Cosas demasiado concretas para servir de info para el desarrollo de amigos virtuales.

Lo que quiero decir es que yo, que me hice mujer justito en la cresta del imperio de lo repetible y lo reemplazable, todavía conservo una cierta ingenuidad por lo tangible. No me creo que tengo amigos en "Facebook" . Tiendo a diferenciar la imagen de la cosa y la información de la experiencia. Qué les puedo decir, soy arcaica.

Pero, ¿y mis pollitos (así llamo a mis estudiantes, no puedo evitar ser un poco mamá gallina con ellos)?¿Qué altares holográficos construirán ? ¿Qué odas elementales escribirán a qué par de calcetines, a qué hogaza de pan, a qué Marilyn Monroe o Amy Wineheart suicidándose?

Talento tienen, y pulso. Y son tan tan inteligentes...

Veremos donde logran depositar sus afectos.

Veremos.

jueves, 4 de mayo de 2017

Imagen tomada de aquí.

Carmen Villoro (1958). Poeta mexicana.
Tomado del libro "Jugo de naranja". 

Durante la noche los árboles hablaron. Dejaron caer sus secretos. Se mostraron tal y como son: poseedores de sombras y olvidos, de inquietudes y fragilidades que tú, madrugador, pudiste observar dispersas sobre las calles, todavía susurrantes bajo tus pies. Pero las amas de casa, temerosas, salieron muy temprano a barrer las evidencias y dejaron las banquetas en silencio, para que nadie sepa. 

jueves, 20 de abril de 2017


Hoy el escritor catalán Eduardo Mendoza (1943) recibió en España el Premio Cervantes. A continuación compartimos cinco frases de su discurso:
  • He sido y sigo siendo un fiel lector de Cervantes y, como es lógico, un asiduo lector del Quijote. Con mucha frecuencia acudo a sus páginas como quien visita a un buen amigo, a sabiendas de que siempre pasará un rato agradable y enriquecedor. Y así es: con cada relectura el libro mejora y, de paso, mejora el lector.
  • Las cosas cambian de nombre en función de la distancia. El suelo que ahora piso se llama paisaje cuando está lejos. Y cuando ya no está, se llama Geografía.
  • Una forma de escritura en la cual el lector no disfruta tanto de la intriga propia del relato como de la compañía de la persona que lo ha escrito.
  • Ésta es, a mi juicio, la función de la ficción. No dar noticia de unos hechos, sino dar vida a lo que, de otro modo, acabaría convertido en mero dato, en prototipo y en estadística. Por eso la novela cuenta las cosas de un modo ameno, aunque no necesariamente fácil: para que las personas, a lo largo del tiempo, la consuman y la recuerden sin pensar, como los insectos que polinizan sin saber que lo hacen.
  • Hace muchos años, cuando yo vivía en Nueva York, quedé en un bar con un amigo, ilustre poeta leonés. Como vimos que la camarera que nos atendía era hispanohablante, probablemente portorriqueña, cuando vino a tomarnos la comanda nos dirigimos a ella en castellano. La camarera tomó nota y luego nos preguntó si éramos franceses. Le respondimos que no. ¿Qué le había hecho pensar eso? Oh, dijo ella, como habláis tan mal el español... En su momento, esta anécdota nimia me produjo una gran alegría que nunca se ha disipado. Porque comprendí que habitaba un mundo diverso, rico, divertido y con un amplísimo horizonte. Y que todas las lenguas del mundo son amables y generosas para quien las quiere bien y las trabaja.
Lee el discurso completo dando clic aquí.

miércoles, 19 de abril de 2017


Andrés Neuman (1977). Escritor argentino.
Relatos tomados del libro "El fin de la lectura" (Almadía).

La felicidad


Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal.
No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo; iba a decir el mejor, pero diré que el único.
Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal.
Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo. Domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.
Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, tanta, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los fornidos pectorales de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda ansiosa con los brazos abiertos.
A mí me colma de gozo semejante paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas y algún día, pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.


Estar descalzo


Cuando supe que sería mortal como mi padre, como aquellos zapatos negros en una bolsa de plástico, como el balde con agua donde entraba y salía la fregona queLa res­tregaba el pasillo del hospital, yo tenía veinte años. Era joven, viejísimo. Por primera vez supe, mientras las este­las de claridad iban borrándose del suelo, que la salud es una película muy fina, un hilo que se evapora con el andar de los pasos. Ninguno de esos pasos era de mi padre.

Mi padre siempre había caminado de manera extra­ña. Veloz y al mismo tiempo torpe. Cuando iniciaba sus caminatas, uno nunca sabía si iba a tropezarse o echar a correr. A mí me gustaban esos andares. Sus pies planos y duros se parecían al suelo que pisaba, al suelo del que huía.

Los pies planos de mi padre ya eran cuatro, se habían repartido en dos lugares distintos: en la camilla (unidos por los talones, ligeramente abiertos, evocando una iró­nica V de victoria) y dentro de aquella bolsa de plástico (a modo de recuerdo en los zapatos, imponiendo su molde al cuero). La enfermera me la entregó como se entregan unos desperdicios. Yo miré las baldosas, su tablero cam­biante.

Me quedé sentado ahí, frente a las puertas del quirófa­no, esperando noticias o temiendo las noticias, hasta que saqué los zapatos de mi padre. Me levanté y los puse en el centro del pasillo, como un obstáculo o una frontera o un accidente geográfico. Los posé cuidadosamente, procurando no alterar sus bultos originales, la protuberancia de los huesos, su forma ausente.

Al rato la enfermera apareció a lo lejos. Atravesó el pasillo, eludió los zapatos y siguió de largo. El suelo res­plandecía. De pronto la limpieza me dio miedo. Me pare­ció una enfermedad, una impecable bacteria. Me agaché y avancé a gatas, sintiendo el roce, el daño en las rodillas. Volví a guardar los zapatos en la bolsa. Apreté el nudo lo más fuerte que pude.

De tarde en tarde, en casa, me pruebo esos zapatos. Cada vez me quedan mejor.

miércoles, 5 de abril de 2017



Fragmento tomado de "Juan de Mairena" del poeta español Antonio Machado (1873-1939).

"Para crear hábitos saludables, que nos acompañen toda la vida, no hay peor camino que el de la gimnasia y los deportes, que son ejercicios mecanizados, en cierto sentido abstractos, desintegrados, tanto de la vida animal como de la ciudadana. Aun suponiendo que estos ejercicios sean saludables —y es mucho suponer—, nunca han de sernos de gran provecho, porque no es fácil que nos acompañen sino durante algunos años de nuestra efímera existencia. Si lográsemos, en cambio, despertar en el niño el amor a la naturaleza, que se deleite en contemplarla, o la curiosidad por ella, que se empeñe en observarla y conocerla, tendríamos más tarde hombres maduros y ancianos venerables, capaces de atravesar la sierra de Guadarrama en los días más crudos del invierno, ya por deseo de recrearse en el espectáculo de los pinos y de los montes, ya movidos por el afán científico de estudiar la estructura y composición de las piedras o de encontrar una nueva especie de lagartijas. Todo deporte, en cambio, es trabajo estéril, cuando no juego estúpido".



Fotografías tomadas de aquí.

viernes, 31 de marzo de 2017


Akiko Yosano (1878 - 1942). 
Poeta japonesa. 

Llegó el día. Las montañas se mueven.
Lo digo pero nadie me lo cree.
Han estado dormidas mucho tiempo,
pero antes bailaban encendidas.
Puede que no lo crean, y está bien,
pero esto en cambio tienen que creerme:
todas esas mujeres que dormían
ahora abren los ojos y se mueven.

sábado, 11 de febrero de 2017

Ilustración de Betty Stroppel. 

Lina Zerón. Poeta mexicana (1959).
De "Vino Rojo".

Llegó el momento de partir
el hogar en dos.
Bien:
comencemos por los rincones donde las arañas
tejieron también su historia.
Hablemos de los muros y sus cuadros.
¿Cuál eliges?
¿El del día de la boda,
el retrato de la niña
o el de vacaciones en verano?
Quiero el antiguo bodegón
para recordar las comidas familiares.

Mira la casa:
permanece ahí de pie
pero sin alma.

¿Con cuál alcoba deseas quedarte?
¿Aquella donde los gemidos
algunas vez fueron música perfecta?
¿O el cuarto azul
donde echó raíces la cuna para siempre?
¿O el jardín
donde todavía se columpian las sonrisas?

Deseo la terraza,
esa roja plataforma de minúsculos ladrillos
donde lluvias y palomas encontraron su refugio,
donde todavía transpiran las estrellas
y no hay sombra que oculte los engaños.

Te regalo los espejos
saturados de susurros, ecos familiares,
desfigurados rostros
que hoy se desangran en reproches.

Pero tienes razón:
tal vez aquí ya nada nos retenga.
A la frontera tal vez llegamos
entre el amor que vacila y las cenizas.

Viéndolo bien,
no puedo partir en dos la casa:
te la regalo toda
con todo y promesas de futuros sublimes.

Como cortinas viejas
te regalo lo que queda:
este cielo sombrío
y este desvencijado viento
que dejaste al cerrar la puerta principal.

martes, 7 de febrero de 2017



Para quienes disfrutamos la música brasileña:
la #diosa Maria Bethânia y Zeca Pagodinho...

#SonhoMeu
Traz a pureza de um samba
sentido, marcado de mágoas de amor
um samba que mexe o corpo da gente
e o vento vadio embalando a flor,
sonho meu, sonho meu...


miércoles, 1 de febrero de 2017

Del poeta cubano Luis Rogelio Nogueras (1944 - 1985).

Allá arriba
las nubes de mi infancia sobreviven.
Gané y perdí.
Amé
y a los treinta años
todavía soy el dueño del mundo.
Día a día contemplo las nubes
y me digo:
sólo el deseo es eterno.

A mi modo soy feliz
al pie del muro blanco
una muchacha me besa.
Sus grandes ojos parecen preguntarme
si nuestro amor va a durar
toda la vida.

Yo sonrío
pero no le digo
que sólo el deseo es eterno.
Cada mañana me miro en el espejo
atrás quedó la primavera
de mi vida
pero soy aún el dueño del mundo.
Y lo seré
mientras allá arriba
no se esfumen las nubes de mi infancia
no se apaguen los viejos deseos.

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